Congreso ECTRIMS 2018

Acabo de llegar del ECTRIMS, el Congreso anual dedicado de forma exclusiva a la docencia e investigación en esclerosis múltiple (EM). Es el congreso más importante para todos aquellos que nos dedicamos a la EM. Han dicho que este año éramos unos 9400 congresistas.

Como siempre, he llevado mis trabajos y he aprendido de los trabajos que han presentado otros compañeros nacionales y extranjeros. También he tenido la oportunidad de charlar sobre aspectos de la práctica diaria que me son de gran utilidad.  

Pero estoy en el avión volviendo a casa y me siento triste. Me cuestiono si voy a volver al ECTRIMS. No me siento cómoda viendo la magnitud del negocio que se mueve alrededor de la EM, que cada vez se parece más al bochornoso negocio que se mueve alrededor de la oncología.

Existen una serie de líderes y lideresas sumamente inteligentes que, codo a codo con las farmacéuticas y en nombre de la ciencia, tienen montada una estructura de negocio que les reporta grandes beneficios económicos a ambas partes. Hay líderes y lideresas que llevan unos 30 años dentro de esta estructura. Les he visto crecer congreso a congreso, reunión tras reunión, jornada tras jornada, conferencia tras conferencia… actividades espaciadas al principio, actualmente de rutina enloquecedora para cualquiera, excepto para ellos.

 

En estos Congresos nos adoctrinan

 

Hay uno de ellos que siempre me sorprende por la enorme capacidad que tiene para crear mensajes potentes. Ayer lo oí y no me defraudó. Es un fiera. Vi el auditorio y me sentí una más de los miles de potenciales clientes susceptibles de comprar el producto que nos estaba vendiendo. Era un Congreso médico pero la metodología que empleó no se distinguió de la utilizada para vender, por ejemplo, un coche.

El adoctrinamiento de este año ha consistido en hacer hincapié machaconamente en que la EM es una enfermedad extraordinariamente dañina que hay que tratarla no precozmente sino con urgencia, como si de un infarto se tratara, para salvar el mayor tejido neurológico posible. Para ello debemos utilizar los fármacos de más alta eficacia y olvidarnos de los fármacos menos eficaces.  A los efectos negativos en la salud de estos fármacos no hay que tenerles miedo, ya los contrarrestaremos. Si no hacemos esto estamos cayendo en la inercia.

Es un mensaje potente y desde luego convincente, sobretodo para los más jóvenes o para aquellos que piensan que se consigue curar por el simple hecho de desearlo, pero los que llevamos años tratando personas con esta enfermedad, antes de que existieran fármacos en el mercado, sabemos que la enfermedad no es tan terrible, que se puede ir haciendo una monitorización con resonancia para ver cómo va por sí sola, sin necesidad de correr tanto y, que la denominación de fármacos de alta eficacia es una sinvergonzonería para favorecer a los productos de reciente aparición que aun no han demostrado tener esta capacidad, y camuflar el riesgo que supone ser tratado con ellos.

Los congresistas también somos responsables de que el negocio de la medicina se siga manteniendo. Ninguno de los que asistimos podemos costearnos uno solo de estos viajes. Hemos llegado a que nos parezca natural que nos lo costeen las farmacéuticas ¿por qué?. Pienso que por creer ingenuamente que nos lo merecemos y que nuestro pensamiento no queda sesgado por ello.

Los médicos  somos solo un eslabón de esta cadena de negocio. Autoridades y organismos sanitarios, en cualquiera de los muchos niveles están implicados igualmente, pues igualmente dependen económicamente de las farmacéuticas al no atreverse a perder votos instaurando medidas correctivas. La propia sociedad también contribuye a ello al pensar que cada recorte, cualquier modificación de las prestaciones es perjudicial, sin pararse a reflexionar sobre ello. En este negocio estamos todos implicados.

 

“Los negocios relacionados con la vida, bien para salvarla (fármacos), bien para acabar con ella (armamento), son los que nunca pierden y siempre ganan”.  

 

Un comentario en “Congreso ECTRIMS 2018

  1. Todavía recuerdo una anécdota parecida allá por marzo de 2001 en un Simposio Internacional en la Fundación Ramón Areces en Madrid.

    La anécdota prosiguió con una pregunta de otro médico al ponente sobre una duda razonable que le había surgido a raíz de la charla. El ponente (de reconocido prestigio) respondió de manera muy maleducada y borde… por el mero hecho de haber planteado la duda.

    Aunque han pasado más de 17 años de aquello, muchas cosas no cambian, pero otras sí:
    1-A aquel simposio sólo asistimos tres pacientes; hoy nuestra presencia es numerosa y la difusión de estos eventos es mucho mayor (con los peligros que ello conlleva también), por lo que resulta más difícil tapar estas «anécdotas»
    2-En 2001 un artículo como éste sería impensable, hoy ya podemos leerlos con cierta frecuencia.

    Me quedo con esta última reflexión… y la sonrisa de satisfacción que ha sido capaz de arrancarme

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