Miedo

Miedo

Quizá no te guste leer mi post de hoy porque no hay frases edulcoradas en él, pero aprender a gestionar lo que no nos gusta oír también es necesario.

En un mundo edulcorado, tan de moda hoy en día, escuchar lo que se considera negativo no gusta y el mensajero acaba desacreditado… Pero si abrí este blog hace algo más de 2 años no fue para hablar de lo que se considera correcto, sino para dar mi opinión, que considero experimentada. 

Hoy he vuelto a ver el vídeo de una entrevista que le hicieron a José Luis Sampedro (escritor y humanista español) en la que habló sobre el miedo. Lo que él dice es lo que yo siento que también ocurre en el mundo de la medicina y en este post voy a parafrasearle. 

Una de las fuerzas mas importantes que motivan al hombre es el miedo… Y también la incertidumbre añado yo.

En el momento actual prescribir medicamentos en base al miedo a la enfermedad es fácil y eficiente para el que los fabrica y para el que los prescribe. 

Si yo como médico explico a los pacientes los peores aspectos de su enfermedad, si les alerto de la discapacidad a la que pueden llegar, a los pacientes les entra miedo e incertidumbre, y van a aceptar un tratamiento aunque no les apetezca mucho. Si evolucionan bien van a decir “menos mal que me puse el tratamiento” y si no evolucionan bien van a decir “me habría ido peor si no lo llevara”.  Los efectos adversos se minimizan en aras de un bien mayor. 

El médico puede actuar inculcando miedo por diferentes motivos. Uno es que siempre tiene presente a aquel paciente que evolucionó mal y, con la responsabilidad de dar al paciente el mejor cuidado posible, puede no tener en cuenta si también se está dejando llevar por el miedo y aminora la relación riesgo/beneficio del tratamiento que aplica. Su elección muy probablemente está basada en la evidencia de la que dispone, pero la credibilidad de la evidencia científica no está garantizada y no siempre se piensa en ello. 

Si yo, como profesor de estudiantes de medicina, explico a los alumnos los peores aspectos de la enfermedad, si les alerto de las peores consecuencias a las que pueden llegar los pacientes y les explico que gracias a los tratamientos que tenemos estamos consiguiendo modificar la evolución natural de la enfermedad, el estudiante va a aceptar esta enseñanza como buena y va a sentirse aliviado de poder influir positivamente sobre la vida del paciente. Se consiguen generaciones y generaciones de médicos que van a aplicar los tratamientos aprendidos, sin cuestionarse que lo que se le está enseñando puede no ser cierto. 

Si yo baso mi investigación en hacer ensayos clínicos para las compañías farmacéuticas voy a conseguir tener una Unidad grande que me va a permitir convertirme en un líder de opinión dado el gran número de pacientes en tratamiento que manejo, pero para que mi unidad se mantenga tengo que seguir contribuyendo a la difusión del beneficio terapéutico, contribuyendo como experto a técnicas que a veces implican un poco de manipulación o mensajes subliminales que no son del todo ciertos pero convencen.

El miedo asusta mucho. ¿Por qué se provoca? Hay que preguntarse quiénes son los que provocan ese miedo… Y la vanidad y la codicia que en ellos subyace. Probablemente, la mayoría no son conscientes de su deseo de tener visibilidad y autoridad y de convertirse en referentes del sector, pero se meten en una dinámica en la que parecen actores y tener fama es una meta. Se consideran científicos pero les gusta que les traten como a estrellas y recorren el mundo en diferentes escenarios… Y no gratis. 

No olvidemos que de difundir el miedo, de magnificar la noticias, también se encargan cada día los medios de comunicación (periódicos, televisión, radio, redes sociales…).

No me gustaría que se me malinterpretara. No niego el beneficio de la mayoría de los tratamientos de los que disponemos y de hecho los recomiendo, pero me preocupa que se indiquen demasiado, me preocupa que se trate de más; el exceso de tratamiento, tanto en el campo médico como en el quirúrgico. A veces los tratamientos se inician demasiado precozmente, se usan durante el embarazo, se mantienen de por vida ante la ausencia de estudios sobre la necesidad o no de mantenerlos de forma crónica… Creo que nadie puede negar que hay personas bajo tratamiento que no lo precisan.  

Todas las unidades especializadas de los centros públicos, tanto médicas como quirúrgicas, deberían tener en su entrada una declaración de transparencia con información relativa a los contratos de los profesionales que allí trabajan contratados o no por la administración, para conocer su objeto, duración y procedimiento, así como una relación de los convenios suscritos con las compañías farmacéuticas y otros actores, indicando también su objeto, duración, obligaciones, etc.  También las subvenciones y ayudas públicas concedidas. Con su lectura el paciente tendría libertad de juzgar por sí mismo si el criterio y la voluntad de los que allí trabajan es libre.

Alguien pensará que soy negacionista o envidiosa. Yo me veo como una médico que busca el ejercicio de una asistencia, docencia e investigación independiente y transparente. Una médico que desea que los médicos tengamos un sueldo acorde a nuestro esfuerzo, y que trabajemos en una empresa sanitaria pública que también sea libre e independiente. Se depende demasiado de las compañías farmacéuticas. 

Alcanzar una posición en la sanidad pública y usarla en beneficio parcial, resta beneficios a los únicos y principales protagonistas de esta relación que son los pacientes, y debe ser evitado, perseguido y castigado.

Fotografía de Marina Vitale en Unsplash

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