Renacer

Hoy he visitado a Carmen y a Susana. Carmen fue diagnosticada de esclerosis  múltiple hace unos años y tiene algunas discapacidades. No lo acepta y es infeliz.  Susana acaba de ser diagnosticada y llora sin parar.

A lo largo de mi vida profesional he visto a muchas personas con enfermedades neurológicas en general, y con esclerosis múltiple en particular, y me pregunto qué hace que unas sigan viviendo la vida con alegría y otras se vengan abajo y no consigan remontar. 

Es sabido que nuestro carácter y personalidad condicionan y determinan nuestra visión del mundo, así como nuestras emociones, actitudes y conductas. Últimamente pienso mucho en que el carácter y la personalidad deben determinar la manera con la que nos enfrentamos a la enfermedad, y en que me gustaría saber reconocer el carácter de cada uno de mis pacientes para identificar la emoción que les paraliza, para descubrir lo que les impide ver la realidad tal cual es.

También pienso que no solo son el carácter y la personalidad, sino el hecho asociado de que la cultura moderna idealiza el éxito, lo que nos lleva a confundir la valoración externa, la que nos dan los demás, con el valor interno, con lo que somos. 

Si de verdad creemos que somos lo que los otros ven, el tener una discapacidad física da hincapié a desarrollar una imagen negativa de nosotros mismos que muchas personas como Carmen no consiguen transformar, a pesar de recibir el amor y la compañía de su núcleo familiar. Son personas que, por ejemplo, se niegan a recibir ayuda para moverse y prefieren enclaustrarse en casa antes que perder una apariencia. 

Perder capacidades no le gusta a nadie pero… ¿qué se puede hacer si se han perdido? El trabajo no es empeñarse en cambiar la realidad para que siga encajando en lo que creemos debería ser, sino en aceptar que todas las cosas son adecuadas, que todo lo que sucede está bien, que no puede ser de otra manera. Cuando nos entregamos y dejamos de resistirnos, comprobamos la sensación de libertad.  

Cuando veo a personas como Susana, que se enfrentan por primera vez a la enfermedad, intento llevarles precozmente hacia la compañía de estímulos y personas optimistas que tienden a ver el lado bueno de la vida, para que les ayuden a moverse de una manera más ágil ante este obstáculo de la vida. La botella está llena hasta la mitad. Las personas optimistas la ven medio llena: con estas hay que juntarse, hay que buscarlas. 

He de reconocer que a estas alturas me frustra ver lo difícil que es cambiar. Mis pacientes no cambian su enfoque por el hecho de que yo lo desee. Sí que veo que me dan la razón, que entienden lo que les digo, pero parecen olvidarse al salir de la consulta. El cambio, la transformación personal para mirar el mundo desde una posición diferente, es un trabajo que requiere ayuda de un psicoterapeuta. Yo lo recomiendo cada vez más, pero se producen bloqueos. Por una parte es un tema tabú (“¿Me está llamando trastornado/a?”), por otra parte la típica reacción de “Yo ya sé cómo cambiar”, y por otra la falta de psicoterapeutas en el sistema público de salud que obliga a invertir un dinero y, reconozcámoslo, nos cuesta mucho invertir en salud. 

No hay que morir solo una vez. La vida nos da la oportunidad de morir más veces. Muere el que éramos, dejémoslo atrás.  Un hombre y una mujer nuevos suben a otro barco, sueltan amarras y empiezan a comprometerse con una nueva vida, con el riesgo de vivir.  

2 comentarios en “Renacer

  1. Soy el marido de una afectada por EM hace bastantes años y conozco a la Dra. Ramos otros tantos.
    De la Dra. puedo decir que es tan buena «oidora» como médico y eso ayuda más que cualquier fármaco; el que te escuchen, eso es fundamental y luego está el/la paciente y su entorno.
    Hay que entender que esta enfermedad aún no es lo suficientemente conocida incluso por los más cercanos al paciente,pero con el tiempo todo se aprende y entiende.
    La familia, con lo que más puede ayudar es cada día demostrar que la botella siempre está medio llena, aunque por dentro sepas que la cosa es dolorosa.
    Nunca hay que bajar la guardia. Cariño, mucho cariño y mucha paciencia para acompañar tanta desesperación.No hay otra.
    Si ella llora, inventate algo y arráncale una sonrisa. Hay mucho de que hablar, pues hablemos y por supuesto borrar ese «pobrecita» y sí aplaudir cada esfuerzo por superarse.
    Vamos a pasear por esta vida ,de la mejor manera posible que aunque el paseo sea duro,somos capaces de llegar cada día a la meta y al día siguiente empezamos de nuevo reinventando nos de nuevo para ganar una nueva batalla.
    Ánimo!!!!

    1. Que bonito Miguel. Sin duda tienes una mente sana y bella que se esfuerza por vivir en armonía con el mundo tal cual es. ¡Sois unos campeones!

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