Tiempo en la relación médico-paciente

Hace unos años leí el libro “Hijos del ancho mundo” del Dr. Abraham Verghese. Es una novela que relata la vida de dos niños gemelos, que nacieron siameses en el hospital Missing de Etiopía, fruto de la extraña relación entre un joven cirujano inglés del hospital y una religiosa que era su ayudante. La historia de la novela discurre por la medicina y la ética, y es preciosa. 

Posteriormente descubrí que el Dr. Verghese no es solo un buen escritor, sino un extraordinario médico humanista comprometido con dar al paciente una atención personalizada. Es un gran defensor de practicar la medicina junto a la cama del paciente y de mantener el ritual del examen físico en la época actual de la tecnología avanzada, en la que se tiende a ignorar el trabajar cara a cara con el paciente, a favor de trabajar con los datos del paciente en el ordenador. 

El Dr. Verghese es reconocido en Stanford por sus rondas semanales junto a la cama del paciente, con estudiantes, residentes y profesionales de la salud, donde insiste en examinar a los pacientes sin conocer su diagnóstico, sin haber leído lo que ya han opinado otros, para demostrar la gran cantidad de información que se obtiene tras hacer una buena historia clínica y un buen examen físico. Este énfasis ha llevado al desarrollo del «Stanford 25«, una iniciativa diseñada para mostrar y enseñar 25 habilidades fundamentales para hacer una buena exploración física, que también está disponible on-line. 

Se cuenta que en una entrevista le preguntaron al Dr. Gregorio Marañón (1887-1960): «¿Cuál es la innovación más importante de los últimos años?» Se quedó un momento pensativo y respondió: «La silla«. A lo que añadió: «La silla que nos permite sentarnos al lado del paciente, escucharlo y explorarlo«.

La importancia de la silla que nos permite sentarnos al lado del paciente, escucharlo y explorarlo.

De esta anécdota se desprende que el Dr. Verghese no ha descubierto una práctica nueva, pero tiene el mérito de no haberla abandonado, de no haberse deshumanizado como consecuencia de la revolución científico-técnica, y luchar para que no se pierda. 

Estimaciones recientes indican que los médicos pasamos más del 40-50% de nuestro día frente a una pantalla de ordenador cumplimentando documentos, revisando análisis y pruebas, y el resto del tiempo lo pasamos en el teléfono coordinando la atención al paciente con otros especialistas, con la farmacia, con los nutricionistas, los médicos de atención primaria,  los trabajadores sociales, las enfermeras, otros coordinadores de atención y… en sesiones clínicas. 

Como la tecnología nos permite cuidar sin estar en la cabecera de la cama, nos hemos distanciado del trato personal del paciente, pero también del de nuestros colegas, para centramos en el trabajo con el ordenador. Los estudiantes de medicina cuando llegan a los hospitales se dan cuenta de que el trabajo de los médicos tiene menos que ver con los pacientes de lo que habían imaginado. 

Muchos médicos también nos sentimos insatisfechos con esta forma de trabajar. Nos sentimos quemados por todo el tiempo que requiere transcribir la totalidad de la información en el ordenador, que parece no acabarse nunca. El estrés, el agotamiento, y la depresión están muy extendidas entre los médicos, que necesitamos que los gestores sanitarios, además de ser conscientes de la importancia de mejorar la experiencia de los pacientes y de la población, sean conscientes de la importancia que tiene mejorar la vida laboral de las personas que brindamos atención sanitaria, por la salud de todos. 

Y si debemos de acertar con el cuerpo debemos acertar también con el alma, con las angustias, las dudas, las ansiedades y las ausencias, que más que con medicinas se alivian cuando se siente la presencia y la escucha activa y empática del médico, o mejor aun de “mi” médico. 

Una entrevista y una exploración detallada son importantes porque pueden perfilar el diagnóstico sin necesidad de sobre-prescribir pruebas y/o tratamientos innecesarios.

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