Dilema moral

Un día cualquiera de consulta:

Yo: “Cumples criterios de tratamiento

Paciente: “¿Me lo aconsejas?

Yo: “Me baso en lo que dicen las últimas guías terapéuticas

Paciente: “¿Qué tratamiento me aconsejas?

Empiezo a sufrir.

No consigo creerme lo que me cuentan en los congresos, reuniones y guías terapéuticas. No se me va de la cabeza la idea de que los médicos y científicos estamos contaminados por el dinero de las farmacéuticas. Unos lo saben pero les parece adecuado, otros prefieren no darle vueltas y los más jóvenes quizá no han caído en la cuenta.

A las sociedades médicas les financian los congresos las farmacéuticas:

  • Las charlas de los ponentes las pagan las farmacéuticas
  • Las inscripciones de los congresistas las financian las farmacéuticas
  • Los viajes de los congresistas los financian las farmacéuticas
  • Las dietas de los congresistas las financian las farmacéuticas

Las farmacéuticas organizan reuniones nacionales y locales para hablar, de su producto, a médicos y enfermeras. En este momento, día 22 de febrero de 2019, y hasta el 23 de marzo, tengo 6 invitaciones encima de la mesa, 3 en fin de semana fuera de Barcelona. No cuento las reuniones que ya ha habido en lo que llevamos de año. ¿De verdad son necesarias tantas reuniones?

  • Las charlas de los ponentes (casi siempre los mismos) las paga la farmacéutica
  • El viaje a la reunión lo financia la farmacéutica
  • Las dietas por asistir las financia la farmacéutica

Las farmacéuticas financian la actividad investigadora de los hospitales y fundaciones de investigación asociadas al hospital:

  • Se contratan becarios con la consecuente disminución de la oferta pública de empleo
  • Se pueden organizar cursos y jornadas de formación
  • Se puede comprar material fungible
  • La fundación de investigación recibe un porcentaje por costos generales  (overhead)

Las farmacéuticas financian a las asociaciones y fundaciones de pacientes. Fíjense en los logos de sus páginas web o publicaciones o reuniones.

Los redactores y redacciones de la guías terapéuticas reciben financiación de las farmacéuticas para su desarrollo.

Las farmacéuticas ya involucran, y por tanto financian, a los pacientes.  Además, empiezan a controlarles a través de aplicaciones informáticas que les permiten recoger datos de gran interés para conocer sus costumbres y enviarles la información que les puede atraer.  

Los esfuerzos de la industria farmacéutica para influir en las organizaciones científicas son enormes. Son sagaces en sugerir temas apropiados y promueven su investigación aportando dinero de mil maneras.

Claro que los medicamentos son útiles y la investigación farmacéutica indispensable, sin ello no hubiéramos llegado al nivel de avance en el que estamos. Lo que me inquieta es el uso excesivo, insuficiente o indebido de los medicamentos pues tienen efectos nocivos y constituyen un despilfarro de recursos.

Si se hiciera un análisis  de lo que aportan las investigaciones farmacéuticas una vez que se ha comercializado el fármaco, observaríamos que la inmensa mayoría de las veces financian estudios por intereses comerciales, y no para mejorar la salud de la población.

He oído decir a muchos y muchas colegas: “Yo soy un científico independiente, nunca una empresa me ha dicho lo que tengo que hacer”.  Claro que no, estaría bueno hacerlo de forma directa, pero en los congresos nos adoctrinan a través de las conferencias que dan los ponentes y las voluntades no son libres, pues cuando damos una charla recibimos dinero por ello, y recibimos dinero para viajes e investigación.

Sería bueno reflexionar sobre a cuántos congresos y reuniones se iría si hubiera que hacerlo con recursos propios, y cuánto se investigaría si las becas hubiera que conseguirlas a través de financiación competitiva.

La ley de transparencia actual no garantiza nada. ¿De qué sirve que declaremos los conflictos de interés entre colegas? Serviría si el paciente pudiera conocer lo que el profesional, el hospital y la fundación que le atiende han recibido de las farmacéuticas. Bastaría con colgarlo en la puerta de la consultas y en la entrada de los hospitales y fundaciones de investigación.

Esto ocurre también en las especialidades quirúrgicas. Hay un sobre exceso de prótesis e implantes.  

Pero no nos engañemos: la sociedad participa de todo esto. La demanda de medicamentos por parte de los pacientes es enorme. Actualmente es imposible no entender una enfermedad o problema físico sin que se le asocie un medicamento que pueda tratar la dolencia detectada, que muchas veces ni siquiera existe (no es corporal). Muchas personas se frustran cuando no se les prescribe algo y prefieren un medicamento antes que hacer ejercicio físico, comer una buena dieta y evitar los tóxicos.

Ayer hablaba de esto con un paciente que fue maestro. Me contó que las editoriales actúan de una manera parecida para que sus libros sean los más vendidos. Creo que al lector le sonará esta misma música en su profesión: los incentivos de lucro diluyen la ética.

¿Dónde está la solución? La combinación de la formación y supervisión de la actividad profesional, la implantación de auditorías clínicas, el estudio de resultados en salud y la educación de los consumidores, son algunas ideas.

En este enlace encontraréis las conclusiones y propuestas del documento «Medicamentos: visión social y clínica» de la Organización Médica Colegial (OMC). Son buenísimas, pero…  ¿por qué no se ponen en práctica?

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