Evita la demencia

De tener que elegir una enfermedad no elegiría tener demencia.

La demencia consiste en una pérdida progresiva de las capacidades intelectuales -entre ellas, la memoria- a lo que se suelen sumar alteraciones psicológicas como la depresión o, por el contrario, la euforia excesiva, y trastornos del comportamiento como la apatía o la agresividad. La demencia provoca discapacidad y situación de dependencia de un cuidador. Sin ayuda de los demás, la persona no puede sobrevivir. 

Cuando se habla de demencia, casi todo el mundo, incluidos los profesionales sanitarios, piensan en la enfermedad de Alzheimer, pero la enfermedad de Alzheimer no es la única causa de demencia; es decir, no todas las personas que tienen demencia tienen la enfermedad de Alzheimer. En esta enfermedad el cerebro enferma como consecuencia de una enfermedad degenerativa. Es inevitable: toca porque te toca. Suele aparecer más frecuentemente a partir de los 70 años, no se puede prevenir y una vez que aparece no tiene solución.

También es frecuente hablar de demencia senil, pero la demencia senil no existe; pensar que es irremediable demenciarse cuando se es mayor es una equivocación. Una persona mayor no tiene porqué demenciarse, de la misma manera que una persona mayor no tiene por qué perder sus dientes. Vemos a personas mayores sin dientes o con dentaduras postizas porque vienen de una época en la que no había higiene dental, pero si los dientes se cuidan se pueden conservar toda la vida. 

Igual que con los dientes pasa con las funciones cognitivas. Si te cuidas, tus funciones cognitivas te pueden durar toda la vida. 

Un tipo de demencia del que apenas se habla es la demencia vascular; es curioso porque esta demencia causada por microinfartos en el cerebro -afecta a personas más jóvenes-, se puede prevenir

Imaginaros un árbol con una copa frondosa, con muchas ramas y muchas hojas. La ramas son la parte del árbol en la que crecen las hojas. ¿Qué ocurre si se secan las ramas? Pues que se pierden las hojas y el árbol deja de ser frondoso. En la demencia vascular es eso lo que pasa, se van cerrando los vasos sanguíneos (las ramas), este cierre va produciendo falta de riego, la falta de riego ocasiona microinfartos y como consecuencia se pierden neuronas (se han secado las hojas). Esas ramas no se pueden volver a abrir y el resultado de perder neuronas es perder la memoria y tener cambios de personalidad, es decir, empezar a tener demencia. 

Los microinfartos afectan a zonas pequeñas del cerebro y se van produciendo poco a poco sin sintomatología neurológica aparente. Conforme la zona del cerebro que se va quedando sin riego se va ampliando, comenzarán los síntomas de pérdida de memoria o trastorno de conducta. Al principio es algo leve, que se puede considerar “normal”, pero poco a poco la familia, amigos y compañeros van percibiendo que su ser querido ha sufrido cambios que hacen que sea una persona distinta y no precisamente mejor. 

La demencia vascular cerebral (microinfartos, ictus menores) se produce por el cierre progresivo de los pequeños vasos sanguíneos de las ramas terminales de la circulación cerebral, por arterioesclerosis, debido al depósito de grasa en ellas. 

¿Qué hace que se deposite grasa en las arterias? 

  • el tabaco
  • la hipertensión arterial
  • el colesterol
  • la diabetes
  • la obesidad
  • el sedentarismo

Estos factores de riesgo vascular van estropeando las arterias del cerebro, no solo las del corazón, poco a poco, como las tuberías de nuestra casa conforme van pasando los años.  

¿Cuál es la mejor forma de evitar la demencia por microinfartos?

La mejor forma de evitar la demencia por microinfartoas es cuidarse para que no aparezcan los factores de riesgo de daño vascular causantes de las  lesiones. 

Si ya no puedes prevenir los factores de riesgo vascular porque has adquirido alguno de ellos, tómate el interés de tratarlos adecuadamente para que te hagan el menor daño posible. 

Nuestro cuerpo es la única máquina cuyo cuidado depende solo de nosotros. Hay que cuidarla para ir al taller lo menos posible. 

La clave consiste en entender esto, en cambiar la manera de conocerse, de mirarse, de autoobservarse, de ser consciente del propio cuerpo y el propio cerebro. Es una rutina diaria que no consiste en olvidarse de todas las cosas que nos alegran la vida, de todos los placeres… para nada consiste en eso, pero sí en poner sordina cuando vemos que nos estamos pasando, que tenemos una gula excesiva con aquellos placeres que sabemos que nos hacen daño. 

Mi aportación como médico es hacerte ver que la demencia vascular la puedes evitar eligiendo un comportamiento y un estilo de vida saludable. Pedir ayuda cuando ya está hecho el daño, ayuda poco. Hay que esforzarse en decir no a lo que no conviene. 

Es necesario intervenir antes de que se produzca la enfermedad. Cuando ya se te han caído los dientes, de nada sirve que vayas a pedir el mejor cepillo dental.

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