El baile de las locas

El baile de las locas

Hace unos días he terminado de leer casi de un tirón un libro que me regaló Sergio, así porque sí.  “He visto que iba de neurología y he pensado que te podía gustar”, me dijo. Y… ¡dio en la diana!, los médicos protagonistas de la historia son dos neurólogos franceses muy famosos por ser los pioneros y padres de la Neurología, y verles en acción a lo largo de los capítulos del libro me ha apasionado. He tenido la misma sensación que cuando voy a un concierto de mi grupo favorito. 

El libro se llama “El baile de las locas” y es la primera novela de la escritora francesa de origen español Victoria Mas, de 34 años de edad. Ha sido muy galardonado y según reza la contraportada, ha sido uno de los mejores libros franceses de 2019. Se lee muy fácilmente y la historia atrapa. 

Al lector en general se le removerá el alma al ser consciente de cómo a las mujeres de la época (Paris, 1985), independientemente de la clase social a la que pertenecieran, se las encarcelaba de por vida en un hospital para “locas”, el hospital de la Salpétrière, por sus propias familias, por el hecho de no acatar las doctrinas imperantes, no responder a lo que se esperaba de ellas o, por ejemplo, ser epilépticas o depresivas. Queda patente el dominio de la figura masculina y la aceptación de las mujeres de la época para no correr el riesgo de ser apartadas o encerradas cruelmente. Afortunadamente esto ha ido cambiando y cada vez más los hombres también consiguen liberarse de la educación ancestral recibida. 

Pero siendo todo ello interesante lo que me ha fascinado es ver en acción a dos neurólogos famosísimos.  

El primero de ellos es Jean Martin Charcot, médico que vivió entre 1825 y 1893. Él fue quien en 1868 hizo una descripción oficial de lo que hoy conocemos como «esclerosis múltiple» (él la llamó «esclerosis en placas») como una nueva enfermedad del sistema nervioso central.

Hasta entonces no existía el concepto de la esclerosis múltiple como una entidad independiente, pues la gran variación de los síntomas y signos que tenéis los pacientes, que además van cambiando a lo largo del curso de la enfermedad, hicieron que la enfermedad fuera, mucho más que ahora, difícil de reconocer como una entidad.

Fue todo un acierto. Pensad que no había pruebas de neuroimagen.

La resonancia magnética, fundamental para le diagnóstico, llegó en España a la sanidad pública sobre 1990. Los médicos de entonces se basaban sobre todo en la observación clínica y en la anatomía patológica. Al parecer, Charcot observó en su asistenta algunos síntomas extraños como temblores, dificultad para hablar y movimientos anómalos de los ojos.

Por desgracia, la asistenta murió sin que Charcot pudiera hacer nada. Sin embargo, al practicarle la autopsia descubrió y describió las placas características que se forman en el cerebro de las personas afectadas por esclerosis múltiple. Relacionó los síntomas con estas placas y comenzó así la investigación sobre la enfermedad que aún hoy perdura.

Charcot formó a una generación de eminentes neurólogos, entre ellos Joseph Babinski, con quien mantuvo una relación especial. Babinski fue sin duda el alumno favorito de Charcot y disfrutaron de una excelente colaboración en la Salpétrière.

Babinski detectó que cuando a aquellas personas que tenían una lesión de la vía piramidal (de la vía motora), se les estimulaba la planta del pie con un palito, extendían el primer dedo del pie hacia arriba en vez de flexionarlo, y a este dato exploratorio, que es insustituible para un neurólogo, se le denomina «signo de Babinski».

Seguro que a todos vosotros se os ha realizado una rascadita en el pie cuando habéis sido explorados por un neurólogo. Lo hacemos cada vez que os exploramos y nos proporciona mucha información cuando el signo sale positivo. Una persona que tiene un «signo de Babinski» va a tener una lesión en el sistema nervioso central, es decir alguna lesión en el cerebro o en la médula.

Es verdad que sorprende que tuvieran una idea de la mujer como persona histérica y también que las manifestaciones que podían presentar eran solo histeria, y que incluso ignoraran las opiniones de Geneviève, la supervisora del centro, una mujer que había dedicado toda su vida a la medicina y sabía una barbaridad, pero eran otros tiempos. 

Afortunadamente para la protagonista las cosas salen bien y consigue darnos una lección de superación. 

Afortunadamente también en el siglo XXI han cambiado mucho las cosas, y seguirán mejorando con el esfuerzo de todos y todas.

Fotografía de Vivian Chow en Unsplash

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